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lunes, 20 de julio de 2009

Viaje a Washington


A mediado de junio, en ocasión de la séptima edición del festival de Silverdocs y bajo el lema de “Open Mindedness Suggested”, he tenido el privilegio de asistir al estreno de la película documental “Ella es el Matador” y, por lo tanto, se me ha brindado la oportunidad de viajar a Estados Unidos por primera vez, y debo decir que ha sido una experiencia muy positiva. Mi estancia ha durado solamente cinco días, pero cinco días muy intensos. Claro que en tan poco tiempo no se puede sacar un juicio definitivo, pero, en general, me he sentido muy bien, y me apetece recordar esta estimulante aventura.

(Las cuatro juntas la tarde del estreno)

Aquí en Europa, acostumbrados que estamos a ver películas americanas, nos hacemos una idea de este país que muchas veces es equivocada. Yo, por ejemplo, pensaba que los americanos tuvieran un carácter mucho más distante, pero no, he conocido a personas muy agradables y he podido comprobar que a la mayoría de la gente no le cuesta regalarte una sonrisa.
Inevitablemente, uno tiene en su cabeza la America del cine de Hollywood (la de los rascacielos o de los desiertos), y por eso esperas encontrar más indiferencia, más frialdad, más estrés, más gris…pero cuando aterrizas (por supuesto, solo hablo de Washington), en lugar de atascos y montañas de cemento, te encuentras con un montón de espacio y enormes bosques verdes que acunan a una ciudad muy luminosa, cuidada y limpia.

(Mucha luz)

La verdad es que tantas horas atada al asiento de un avión se hacen muy pesadas, pero la experiencia ha merecido la pena.
Al principio vas con la idea de que con tal mezcla de etnias todo resultará un caos, pero no: me parece que eso precisamente acrecienta el respeto mutuo entre la gente; se crea una sutil armonía, y la capacidad de aceptación y tolerancia es mayor…quizás ahora más que antes entiendo el significado de la estatua de la libertad.
Se hace raro viajar a un país que has visto tantas veces a través de una pantalla…quiero decir…siempre has sabido que estaba allí, pero no te imaginabas realmente como sería estar en él con tus propios cinco sentidos…verlo en la tele resulta muy lejano, no es igual a poder respirar, oler, tocar y mirar con tus propias pupilas.

(Panorama desde el monumento Lincoln)


Creo que es un país con imaginación y entusiasmo, en el cual todo es posible. A lo mejor puede parecer una tontería, pero cuando fuimos a dar una vuelta por la ciudad y subimos al monumento de Lincoln (que por cierto impresiona bastante más en vivo que en la tele), al bajar los escalones, mirando el suelo y con el cuidado de no resbalar pues aquel día estaba mojado, me tropecé con algo inesperado que me hizo sorprenderme de mi propio asombro: allí en el suelo había una frase grabada, y era tan desarmantemente sencilla que resultaba casi absurda en su belleza…”I HAVE A DREAM” (Martin Luther King)…se me estremeció el corazón; es la frase que podría decir un niño…y es la frase que nunca deberíamos de olvidar aunque y cuando tengamos 80 años…porque es el motor de nuestra existencia. Allí estaba…tirada en el suelo…casi dolía...casi ofendía, en su hermosa desnudez...grabada en una simple loza de granito y sin florituras…¡Jolín! Algo así no tiene mucho mérito artístico, sobre todo considerando la juventud del monumento y comparado a las virguerías que estamos acostumbrados a ver en la vieja Europa, pero, con todo y con eso, no pude evitar fotografiarlo…quizás porque dentro de mí había revuelto sentimientos que muchas veces había intentado olvidar. Algunos pasaban por el lado sin ni siquiera darse cuenta de su existencia…¡que pena!



En mi vida había comido cosas más variadas en tan poco tiempo: el primer día en un restaurante etiope, el segundo un tailandés, el tercero un japonés, el cuarto un vietnamita, y al quinto día…ya desesperada de comer tantas cosas raras, exclamó Maripaz - ¡Es que estamos en Estados Unidos!...¿Y no podríamos, por un día, comer una dichosa hamburguesa con patatas fritas y kechup???-…y así tuvimos también nuestra hamburguesa made in USA (bueno, vete tú a saber).

(La suspirada hamburguesa)


Pero no ha sido siempre así, también tuvimos la ocasión de comer en dos restaurantes buenísimos en el centro de la capital, en los que pudimos saborear verdaderas exquisiteces y en los que cada plato era una obra de arte que despertaba los sentidos del paladar más exigente; jamás voy a poder olvidar el salmón escocés acompañado de maíz dulce y el helado de café que comí en “Equinox”…¡Gracias Todd!



En la ciudad nos dimos una vuelta por el museo de arte y vimos cosas muy interesantes, algunas realmente geniales.



Quizás el clima tan húmedo de Washington nos agobió un poco, pero eso no nos impidió ejercer nuestro papel de turistas como es debido y dar una buena vuelta por la ciudad.

(Angeles de Charly en misión secreta)


Fuimos a la Casa Blanca a ver si podíamos tomar un cafelito con Obama, pero no estaba. Yo me quedé sorprendida al ver las ardillas pasearse tranquilamente por los jardines y subirse a los árboles.

(Aquí vemos como un espía camuflado sigue con disimulo nuestros movimientos en los aledaños de la Casa Blanca)


Luego paseamos, saltamos, corrimos e hicimos travesuras como niñas pequeñas.
Y en el último día de nuestra estancia nos convertimos en autenticas americanas durante unas horas, acudiendo a ver el partido de basket que se disputaba entre las Washington Mystics y las Chicago Sky, al que nuestra querida amiga y benefactora Sheila Johnson nos invitó tan amablemente.
Fue un partido sufrido y que nos tuvo en tensión todo el rato; hubo mucha competición entre los dos equipos y estuvimos todo el tiempo chillando, hasta que al final la puntuación acabó a favor de las Mystics y pudimos dejar descansar la adrenalina. Fue un partido intretenido y muy interesante y las chicas estuvieron muy bien. Luego bajamos a saludarlas y a darle la enhorabuena en los vestuarios y la verdad es que no sé si estaban más incrédulas las jugadoras de conocer a dos toreras o viceversa.(¡Ganamos!)

Y como colofón otra agradable cenita en el “Proof” en amena compañía de Suzanne y David y celebrando el cumpleaños de Celeste, ya muy cansadas de tantas emociones seguidas…y a la vez llenas de satisfacción.

(¡Feliz cumpleaños Celeste!)


Ha sido una bonita aventura, que jamás olvidaré…¡Quiero dar las gracias a todos los que la han hecho posible!

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