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domingo, 26 de abril de 2009

La primavera: la ilusión de los comienzos en el toreo

Mi querido amigo “El Vinagre” siempre me decía ¡El toreo es grandeza!...ains…y yo suspiraba. Luego venía “Chinito” y decía ¡Hay que sufrir!
Mi vida ha sido una lucha constante, y siempre he intentado dar lo mejor de mí en todo momento.
Recuerdo aún con frescura los esfuerzos que hacía día a día para llegar a ser figura…esa esperanza incorruptible…esa fe inquebrantable que movía montañas: las horas de entrenamiento…las largas caminatas…los tramos de carretera en autostop…con los trastos a cuesta de un lado para otro…los coches viejos de mis compañeros de aventura…los carriles polvorientos…las horas en las tapias…los mordiscos en los burladeros y las vacas rajadas…las volteretas y los manchurrones de sangre.
La ilusión de llegar algún día a vestirse de luces y jugarse la vida en una plaza llena de gente es algo muy grande. No se puede describir con palabras la energía que se genera dentro de ti y que alimenta ese sueño.

Al principio nadie te da mucho cuartelillo, pero poco a poco una va adquiriendo oficio y experiencia y parece que el sueño es realizable. Empiezas a torear bien y los compañeros a respetarte; te pones el traje corto y la gente empieza a interesarse, y los ganaderos a llamarte para tentar.
Luego llega el traje de luces, la competencia y las orejas cortadas a ley. El sueño se hace cada vez más tangible y eso hace que tu fuerza interior se multiplique…¡El toreo es grandeza!...esas palabras no dejaban de hacerme eco en la cabeza.
Ese día especial tiene que llegar…seguro que está a la vuelta de la esquina…y te preparas y te mentalizas: comes y respiras solo por el toro…te acuestas con él y te levantas con él…las 24 horas…entre ceja y ceja solo el toro…Y si te duelen los huesos no importa…hay que aguantar…y si no te echan cuenta…machacas hasta que se fijen en ti… y si tienes miedo…te tienes que sobreponer…y si te hieren…te vuelves a levantar con más valor aún…y si hay que torear en una fabrica de jamones…también se torea (este episodio es verídico).


Un amigo mío muy aficionado, Enrico, que en más de una ocasión me ha acompañado en tardes de triunfo y de decepción, e incluso le ha echado una mano a mi mozo de espada, siempre me dice que escriba un libro. Bueno, a parte de que no me veo cualificada para ello, la verdad es que no sabría ni por donde empezar, porque las vivencias y las anécdotas son muchas… algunas cosas hay que vivirlas para creérselas, y estoy convencida de que todos los toreros tienen para escribir no uno…sino veinte libros…y yo no soy nada en comparación a los que de verdad han sido grandes figuras y han dedicado toda su vida a esta hermosa profesión; no obstante, voy a intentar compartir algunas de mis experiencias en este blog.

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