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sábado, 25 de abril de 2009

El verano: subiendo peldaños

Ya tienes un grupito de gente que se preocupa por ti y empiezas a tener más de un capote en el esportón, y las maletas se hacen cada vez más pesadas, los viajes más frecuentes y más largos: a veces toreas tres días seguidos, a veces con puntos puestos, a veces haces 600 Km. y la corrida se suspende, a veces no tienes en donde cambiarte o tienes que volver a torear con el traje sucio del día anterior, porque solo tienes ese y no ha dado tiempo a lavarlo.
Vives tu sueño y luchas…entre las sombras de las tediosas horas encerrada en una habitación de hotel…y el sol implacable del verano que recalienta las plazas, en donde se suda la gota gorda delante de los novillos.
Vas cortando orejas y poco a poco te vas abriendo paso y ganando oportunidades.
En la primera etapa del aprendizaje nadie te echa cuenta…¡Buah, este no es sitio para mujeres!…en cuando le den dos tortas se irá para su casa. Luego, cuando empiezas a pegar pases, algunos se ríen y a otros le hace gracia…Llegas a un sitio ¡Hay, mira, una torerilla! y te sonríen en modo chulesco, desviando la vista hacía la parte más carnosa de tus caderas; al rato te pones delante de la vaca o del novillo en cuestión, y cuando ven que te quedas quieta se les borra la risilla y se les pone cara de ¡Joder, que esto va en serio! Y al final, cuando te ven anunciada en el cartel de una plaza de primera categoría, resultas molesta; en los patios de cuadrilla te tratan como si fueras una intrusa, y te miran como diciendo ¿Qué estás haciendo aquí?
(Lógicamente estoy generalizando, no todos son tan machistas, también he encontrado a compañeros que han sido muy respetuosos y me han tratado como un torero más).



Ya he dicho que la ilusión del toreo es inexplicable en palabras, pero voy a dejar aquí algo que escribí hace unos años…justo unos días antes de torear en la Real Maestranza de Sevilla.

Lo dedico a todos aquellos aficionados que un día quisieron ser toreros, y, en particular modo, a mis compañeros y compañeras de aventuras…de tapia y de cartel… a los que se han retirado, como yo, y a los que se han hecho banderilleros.

¡Mucha suerte toreros… y a la vida!





LA NOCHE Y EL AMANECER


Albero de oro aterciopelado,
latidos del corazón contenidos
entre riendas de acero,
y dos medias lunas
que asoman de entre la oscuridad,
y tú detrás, torito negro,
sales a revelar mi alma.

Tú eres arrogancia y desafío,
dueño de tu plaza hermosa y reluciente,
y yo, como flor sin abrir,
dueña de mis temores
encerrados entre sedas.

Te acercas… te alejas
yo despliego mis pétalos
y tú acudes,
y me buscas entre cuna de media luna,
yo te llamo y te busco a ti
para entregarte mi ilusión
y atrapar tu bravura.

Ahora te necesito,
ahora… aquí…tú y yo
en el medio de la plaza
en este presente eterno y fugaz.
Te imploro que me embistas, torito bravo.

¡Coge mi muleta!
y síguela hasta el final,
porque te pongo mi corazón por delante
y en el pecho mi alma,
y te la dejo puesta
para que tu la persigas
enlazando espirales sin respiro
que nos llevan al cielo.

Tú y yo,
como haciendo el amor,
agotándonos en este irrefrenable juego de miedo y de valor.

¡Vente conmigo, torito…No te rindas!
Embiste con gallardía.
Bríndame tu nobleza y tu bravura
para que el tiempo se pare
y rebose la hondura.
Que la música toque para nosotros
en este abrazo y en este presente.

Regálame el milagro de tu momento,
porque en ti está la magia de mi ser,
porque en tu momento está mi momento,
porque este momento será nuestro eternamente.

Somos como dos imanes que se atraen y se repelen
pero al final se equilibran nuestras fuerzas
y nos atrevemos a quedarnos muy cerquita,
para sentir el calor de nuestros cuerpos,
quizás para olernos
o intercambiar un suspiro,
o quizás porque queremos robarnos el alma el uno al otro.

Nos quedamos callados en un instante interminable…
entonces encuentro mi reflejo en la negrura de tus ojos
y me hundo en ellos hasta escuchar el latido de nuestros corazones
y el fluir de la sangre…
…cuantas cosas veo en ellos
…cuantas cosas siento…
cuando esa oscuridad me ilumina.

Tú naciste para mí
y morirás para mí,
porque soy dueña de tu vida
y tú dueño de la mía.

Tú sol y yo luna,
tú sombra y yo luz,
tú fiereza y yo caricia,
tú muerte, y yo…esclava de tu brujería.

Sobre el acero se cruzan nuestras miradas,
me gustaría despedirme, decirte un piropo,
pero tú eres noche y yo día:
y en este amanecer…
…tu vida es la mía.

(Higuera de la Sierra 27/06/2001)


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